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Guía de la Serie de Cajas de Pertrechos Callao-Lima

Nota del Editor: El siguiente texto corresponde a la traducción completa y adaptación del documento histórico publicado por la Oficina de Navegación del Departamento de la Marina de los Estados Unidos (Bureau of Navigation, U.S. Navy Department, 1921).

Prefacio

Desde que los buques de guerra que ondean la bandera estadounidense han convertido las aguas del mundo en sus campos de navegación, y dado que llevan consigo a decenas de miles de estadounidenses dedicados a la vida marítima, el interés de la Nación en los puertos, tanto lejanos como cercanos, se ha incrementado necesariamente en los últimos años (Bureau of Navigation, 1921).

Con el fin de proporcionar información valiosa a los oficiales y al personal alistado de la Marina que visitan estos países —así como a otros viajeros en misión oficial—, la Oficina de Navegación está elaborando guías individuales sobre los principales puertos en todas las regiones del globo.

Aunque se ha realizado todo el esfuerzo posible para incluir información precisa sobre los temas más importantes relacionados con este puerto, se reconoce que se pueden haber omitido algunos hechos relevantes y que ciertos detalles pueden ser imprecisos. Cualquier información relativa a omisiones o inexactitudes, dirigida al Editor de Guías de la Oficina de Navegación, será agradecida. La información será incorporada en las ediciones revisadas.

Se expresa un profundo agradecimiento a la National Geographic Society por sus sugerencias, tanto en lo que respecta a la política editorial como a los interesantes detalles relativos a Callao, Lima y sus alrededores.

Asimismo, se expresa reconocimiento a Publishers’ Photo Service por las fotografías incluidas en la obra, las cuales se encuentran protegidas por derechos de autor.

Introducción

Oro peruano, ídolos de los incas, Pizarro el conquistador, esclavos indios, ciudades olvidadas, galeones españoles, corsarios bronceados: ¡el cálido aliento del romance! De todos los países de América del Sur, el Perú es probablemente el más fascinante desde el punto de vista histórico, y uno de los más singulares, incluso en la prosaica era actual. El Perú ha perdido gran parte de su antiguo esplendor. Casi el último vestigio de su antigua civilización ha desaparecido ante el embate de una nueva; pero aun ahora, con sus industrias inusuales, su matiz oriental, su costa desértica, sus tradiciones y sus personajes pintorescos, el Perú resulta fascinante para el viajero itinerante (Bureau of Navigation, 1921).

El viajero sabe que el Perú es parte de América del Sur; sin embargo, descubre que no pertenece totalmente a América del Sur. No se puede ofrecer una explicación aquí, pues nadie conoce la razón. Las ancianas arrugadas de las tierras altas le dirán al forastero que los indios que se arrastraban, gemían y morían bajo el yugo español han regresado para penar en esta tierra; otros dirán que los fantasmas de los incas han vuelto para custodiar sus tesoros de oro oculto; que su presencia es responsable de la sensación de opresión que experimenta a veces el viajero durante su estancia en el Perú. Sin embargo, tales murmullos supersticiosos y cuentos de viejas pueden descartarse entre risas como puras invenciones, productos de imaginaciones distorsionadas; no obstante, hay misterio y una ‘sensación en el aire’ a lo largo de la costa peruana y en las tierras montañosas.

Tal vez la sugerencia de lo irreal y de lo fantástico que cautiva al extranjero en el Perú se deba a la vestimenta oriental de parte de su población o a sus desubicados caballos árabes de pura sangre. Quizás sea el destello blanco de los Andes contra el horizonte púrpura y rojo hacia el este; posiblemente sea solo el insólito silencio que rodea las montañas, roto en la orilla del mar únicamente por el susurro de las olas contra la costa y el agudo silbido de los cormoranes de pecho blanco y piqueros peruanos en los acantilados. Es posible, también, que la sensación sea provocada por los relatos extraños y casi increíbles que se escuchan sobre el antiguo pesar del Perú. En todo caso, la sensación está presente, sin importar cómo ni de dónde provenga. Se ha sabido de viajeros supersticiosos que han dado crédito a las historias de las ancianas sobre los fantasmas de los incas y los espectros de los esclavos indios encorvados bajo el yugo; pero el autor da por sentado que el lector no es supersticioso, por lo que se ríe con él de las insensatas historias de hombres sin carne que regresan a cuidar su oro oculto. Ciertamente, el oro no puede hacerles ningún bien a estas alturas, y el único resultado sería atormentar a los nativos inocentes y hacer que se les erice el cabello y se les estremezca la piel.

El Perú es una tierra de contrastes, el más notable de los cuales es la frialdad de las olas del océano que rompen contra costas tropicales. Otros contrastes son el riego de plantas tropicales con nieves derretidas, los desiertos y valles fértiles, y los Andes cubiertos de nieve que se erigen sobre selvas tropicales. Otro contraste a lo largo de la costa es la falta de humedad, lo que podría hacer del Perú un lugar inhabitable para el ser humano si no fuera por las lluvias en el interior. Este contraste entre agua fría y costas cálidas es provocado por una corriente de agua fría: la corriente de Humboldt, que fluye a lo largo de la costa de América del Sur desde regiones cercanas a la Antártida hasta el Ecuador. La ausencia de humedad en la costa es causada por la expansión de la atmósfera, lo que favorece la sequedad. Sabemos que antes de que pueda llover, una atmósfera cargada de humedad debe contraerse: la ‘esponja’ debe ser exprimida. La atmósfera a lo largo de la costa peruana se expande en lugar de contraerse bajo la influencia de los vientos fríos de la corriente de Humboldt que soplan sobre costas calentadas por el ardiente sol. En consecuencia, no llueve en las tierras costeras del Perú.

Tal vez estos contrastes, todos ellos aparentemente antinaturales para el observador casual, tengan algo que ver con lo extraño que le resulta la República del Perú. Acentúan el efecto de lo inusual y misterioso, y solo se disipan cuando el viajero se sienta a reflexionar sobre las causas y los efectos. Pero a pesar de sus razonamientos, el viajero descubre que algo de sus primeras impresiones aún permanece en él. Sigue teniendo visiones de lo grotesco, lo fantástico y lo antinatural cuando viaja por el Perú.

El Callao es el principal puerto marítimo en los 1,200 kilómetros de costa peruana, la cual se extiende desde Chile al sur hasta el Ecuador al norte. A siete millas hacia el interior desde el Callao se encuentra Lima, capital y ciudad principal de la República. Los capítulos siguientes abordarán tanto el puerto marítimo como la capital, y ofrecerán parte de la interesante historia del Perú, así como los usos y costumbres de la ‘Tierra de las Llamas’.

La Caída de los Incas

Hace medio milenio, cuando el hombre blanco en Europa estaba tan ocupado con el problema musulmán y otros asuntos que tenía poco tiempo para mirar hacia las regiones no exploradas más allá del Atlántico, el Perú estaba gobernado por los incas, una tribu de guerreros que mantenía sometidos a los pueblos más débiles del país. El Perú prosperó bajo el dominio incaico. Se labraba la tierra, se domesticaba la llama y se fomentaban las artes y los oficios. Las minas de oro y plata eran explotadas por sus preciosos contenidos. Se colocaban tesoros en las tumbas de los incas, en sus templos, palacios y edificios públicos. Fue precisamente el oro lo que provocó la caída de los incas (Bureau of Navigation, 1921).

Pizarro, el español, al mando de un pequeño grupo de sus compatriotas, invadió el Perú en 1531. Encontró el país en armas, no para repeler la invasión, sino para resolver un conflicto entre los hijos de Huayna Cápac, el más grande de los incas. En un esfuerzo por dividir el imperio heredado de su padre, los dos hijos, Huáscar y Atahualpa, llegaron a las manos. Huáscar acababa de ser capturado por su hermano cuando Pizarro, con sus ciento sesenta y cuatro hombres y dos falconetes (o cañones), marchó hacia el interior del país. Siguieron meses de guerra en los que los incas fueron derrotados y el país conquistado por los codiciosos seguidores de Pizarro. Buscando oro en el Perú como lo habían buscado en Panamá, los extranjeros masacraron a los nativos, saquearon ciudades y asolaron los fértiles campos. Los invasores no se contentaron con el oro y la plata que encontraron en templos y cementerios; esclavizaron a los indios y los enviaron a las minas, donde cambiaron sus vidas por el oro con el que cargaban los barcos tesoreros.

La Antigua Maldición

Pizarro fue asesinado por sus enemigos. Un nuevo gobierno fue inaugurado por los conquistadores. Se volvieron más piadosos en su trato hacia los nativos, quienes, durante un tiempo, estuvieron en peligro de exterminio. Posteriormente se promulgó una ley a petición de eclesiásticos españoles que, al liberar a los indios de la esclavitud, honró al Gobierno español. Sin embargo, los breves años en que los indios del Perú estuvieron sometidos a la esclavitud estuvieron tan llenos de crueldad, tortura y dolor para las pobres víctimas que aun ahora, cuatrocientos años después, sus descendientes contemplan con temor reverencial al hombre blanco (Bureau of Navigation, 1921).

El terror que los indios sentían hacia los conquistadores debió de ser abyecto para haber dejado su marca en sus hijos durante tantas generaciones. En el camino, el indio saludará al hombre blanco con respeto; sus hijos mirarán al hombre blanco con asombro; el indio contratado para hacer un recado aceptará por regla general lo que se le dé. Si se opone a la pequeñez de la paga, el hombre blanco solo tiene que gritar ‘¡Fuera!’ y el pobre indio, con su temor al hombre blanco, se alejará escurriéndose. Su misma humildad lo convierte en objeto de piedad y debería hacerlo acreedor de cierta consideración. Por supuesto, esto no es cierto en el caso de algunos indios, especialmente aquellos con una pizca de sangre blanca en sus venas. Pero es cierto en el caso de una gran mayoría de ellos. El sujeto desarrapado que se toca el sombrero y baja la mirada cuando pasa un hombre blanco fue despojado de su valor incluso antes de nacer. Está abrumado y arrastrado por un temor hereditario. Y este temor puede tener algo que ver con los relatos peruanos sobre los fantasmas de los esclavos indios, de quienes se dice que penan en las tumbas de los extranjeros a quienes transportaron, mientras morían, en los negros túneles de las minas de oro y plata del Perú.

Hubo levantamientos en las colonias de América del Sur durante la última parte del siglo XVIII y los primeros años del siglo XIX; pero el Perú no tomó parte en estas primeras luchas. Fue la última de las colonias en declarar su independencia, la cual se logró con la ayuda de Bolívar, el general San Martín y un número de voluntarios británicos. La guerra de independencia finalizó en 1826, cuando los españoles evacuaron el Callao.

En 1880, durante una guerra en la que el Perú, Chile, Bolivia y el Ecuador se unieron contra sus antiguos gobernantes, el Callao fue bombardeado por una flota española. La guerra terminó con éxito para los aliados; pero en las negociaciones resultantes, el Perú y Bolivia se aliaron en una guerra contra Chile. El Callao fue bombardeado nuevamente, esta vez por los chilenos, quienes tomaron el puerto en 1881. El Perú recuperó el Callao por disposición del tratado de paz de 1883, y desde entonces el Perú ha sido libre de progresar y crecer junto con otras repúblicas sudamericanas. Varias revoluciones y desafortunadas disputas fronterizas han salpicado la historia del Perú durante los últimos cuarenta o cincuenta años, pero no han disminuido en gran medida el crecimiento ni la prosperidad del país.

Excursión a Callao

Cuando el buque en el que navega el viajero abre surco en las aguas del Océano Pacífico, bajando por la costa occidental de América del Sur en su viaje al Perú, suele experimentar buen tiempo hasta que la nave avanza cuatrocientas o quinientas millas al sur del istmo de Panamá. Desde allí, hasta que el barco llega al Callao y más al sur a lo largo de la costa, hacia y alrededor del Cabo de Hornos o el Estrecho de Magallanes, el viajero siente cómo desciende la temperatura; la ropa abrigadora resulta cómoda y considera que las mantas por la noche son una bendición (Bureau of Navigation, 1921).

Las visiones de la calidez y el calor del Océano Pacífico Sur, en la misma latitud en la que, más al oeste, los isleños de los mares del sur viven con muy poca ropa o ninguna, se disipan y se destruyen. El viajero queda decepcionado. Espera cielos sonrientes y las cálidas caricias de un viento con aroma a flores. En su lugar, encuentra vientos fríos y sombríos, lluvia, niebla tan espesa como el humo y un tiempo en general desagradable.

La culpa la tiene, por supuesto, la desagradable corriente de Humboldt, que afecta a la costa occidental de América del Sur tanto como la corriente del Golfo afecta al clima de Europa occidental. La frialdad del clima a lo largo de la costa no es la única travesura que juega la naturaleza en esta región. A lo largo de las costas de Colombia y Ecuador, si el barco se acerca lo suficiente a tierra, el viajero divisa abundantes bosques no muy lejos del interior; pero tan pronto como alcanza el límite entre el Perú y el Ecuador, navega a lo largo de una costa privada de lluvia y, por lo tanto, desprovista de bosques y casi exenta de cualquier otra vida vegetal. Sin embargo, al convertir en desierto las zonas occidentales del Perú, la corriente de Humboldt ha hecho posible la acumulación de guano, lo que ha aportado dinero al tesoro peruano y ha enriquecido también a empresas privadas dedicadas a la extracción de guano para su uso como fertilizante en países extranjeros cuyos suelos se han empobrecido tras cosechar durante cientos de años. Los depósitos de guano del Perú se analizarán con mayor detalle en un capítulo posterior.

La costa peruana está sembrada, aquí y allá, de grupos de islas áridas que ofrecen un contraste poco satisfactorio con la meseta desértica que yace inerte y sin vida detrás de ellas. No hay nada en la costa en este punto que despierte entusiasmo o interés. Es una tierra del todo sombría, y el viajero anhela con ardor divisar el Callao y Lima, así como los valles y otras regiones fértiles en los distritos interiores de la República del Perú.

La Punta del Callao, un banco de guijarros que se extiende hacia la isla de San Lorenzo, marca la entrada a la bahía y puerto del Callao. La playa de La Mar Brava se extiende desde La Punta hasta Miraflores, que se encuentra más al sur en la costa. La Mar Brava debe su nombre al oleaje que rompe constantemente contra la orilla, haciendo imposible que las embarcaciones pequeñas desembarquen allí durante la mayor parte del año. Un grupo de colinas, cerca del mar, forma un cabo que desciende a medida que llega a La Punta. La bahía está formada por los acantilados y la isla de San Lorenzo, cuyas orillas se elevan abruptamente desde el agua como buscando escapar del eterno y despiadado embate de las olas. Un faro se erige en la isla. El fondeadero se alcanza a través de un canal que rodea el extremo norte de San Lorenzo.

El Castillo del Real Felipe

El Callao, un próspero puerto de unos 30,000 habitantes, se dedica principalmente al transbordo de las exportaciones e importaciones que llegan al puerto desde el interior del Perú y de los buques mercantes que fondean en la bahía. La población es predominantemente peruana, pero hay muchos indios, algunos de ellos mestizos y otros totalmente indígenas. Asimismo, hay una gran cantidad de japoneses y chinos, algunos estadounidenses, británicos y otros europeos (Bureau of Navigation, 1921).

La Aduana se encuentra al final del muelle. Las escalinatas en el extremo sur proporcionan un lugar de desembarco para los buques de guerra. De acuerdo con los reglamentos del puerto, a las embarcaciones no se les permite permanecer junto a las escalinatas, sino que deben ser llevadas a boyas fuera de la zona de desembarco. Durante su estancia en el puerto, en los meses de marzo y abril, los barcos suelen verse afectados por un olor desagradable denominado comúnmente ‘El Pintor’. Proviene de un limo de color barro que se eleva de la arena, el cual algunas autoridades consideran que son los restos de innumerables cantidades de peces pequeños muertos arrastrados por la marea. Otros afirman que es de origen volcánico. Independientemente de su origen, el limo despide un olor extremadamente nauseabundo, comparable con el gas tóxico y otras mezclas desagradables que adquirieron notoriedad durante la Guerra Mundial.

Aunque los tipos de nativos en el Callao ofrecen un estudio sumamente interesante para el estudiante de la naturaleza humana, los edificios no presentan características especialmente notables. La mayoría de los viajeros que desembarcan en el Callao no permanecen mucho tiempo allí, sino que se apresuran a ir a Lima, la cual, más agradable a la vista, ofrece más entretenimiento y recreación para el visitante que el Callao. Sin embargo, dado que existe la posibilidad de no poder ir a Lima, las principales atracciones del Callao, algunas de las cuales son extraordinariamente pintorescas, se enumeran en este capítulo para beneficio del lector.

El Callao se divide en tres partes. El primer asentamiento, destruido por un terremoto y un maremoto hace casi doscientos años, se encuentra al norte del Callao moderno. La ciudad actual se compone de dos distritos: uno más antiguo y otro relativamente moderno. El Callao Antiguo, una mezcla de calles estrechas y sinuosas y casas antiguas pintorescas (e insalubres), se ubica en el centro de la ciudad; rodeándolo se encuentra el Callao Nuevo, con amplias calles y avenidas, y mejores viviendas que las del centro antiguo.

El lugar más romántico del Callao es el Fortaleza del Real Felipe (Castle of San Felipe), desde cuya torre flameó por última vez la bandera de España en el continente americano. Después de ejercer un control absoluto sobre gran parte de América del Sur y gran parte de América del Norte durante siglos, las posesiones españolas en el continente quedaron reducidas a esta pequeña fortaleza, cuyas murallas devolvieron los ecos de las notas de corneta que tocaban silencio para poner fin al dominio español en tierra firme cuando la guarnición evacuó el castillo durante la revolución en la que el Perú logró su libertad. El castillo, con sus muros grises manchados, es sombrío con la sobriedad de los edificios antiguos junto al mar. Es aun más inerte en apariencia que los edificios cercanos. Pero alrededor de sus masivas murallas perdura algo del romance que rodea a las fortalezas en cualquier parte del mundo. Susurran un mensaje de los muertos a los oídos de los vivos, y quien se detiene a escuchar extrae más de una visita a las viejas moles de piedra que quien las contempla únicamente como son en el presente, en lugar de verlas por lo que fueron en los días de antaño. Tal es el Castillo del Real Felipe, donde las tropas españolas hicieron su última defensa en el Perú.

El Callao goza de buen tiempo en todas las estaciones del año. El calor casi nunca es sofocante. A última hora de la mañana y temprano en la tarde, una brisa marina recorre la ciudad, refrescando los rostros acalorados por los esfuerzos matutinos. Las noches son bastante frescas, a veces incluso frías. Un toque de humedad se cierne sobre la ciudad en las primeras horas de la mañana. Nubes de niebla a menudo entran desde el océano. A veces hay periodos de niebla en el Callao durante diciembre y marzo; entonces la ciudad se envuelve en un manto gris y húmedo que añade misterio a las calles y callejones del Callao.

Los viajeros pueden obtener información en el Consulado General de los Estados Unidos en el Callao. Otros representantes diplomáticos en el Callao son los cónsules generales de Chile, Suecia y Dinamarca; los cónsules de Gran Bretaña y Alemania; y los vicecónsules de Francia, Bélgica, Argentina, Uruguay, Italia y México.

La Ciudad de los Reyes

Lima, capital del Perú, se ubica a orillas del río Rímac, a unas siete millas del Callao, puerto desde el cual se puede llegar por ferrocarril eléctrico o de vapor. La ciudad descansa en un amplio valle, flanqueado por montañas cuyos picos se yergue sobre la ciudad hacia el norte. La tierra que rodea la ciudad es parte de la llanura costera, árida y marrón por la falta de lluvia, excepto en algunos puntos donde el riego ha permitido el crecimiento de oasis en medio de la tierra estéril (Bureau of Navigation, 1921).

Pizarro le dio a Lima el poético nombre de ‘Ciudad de los Reyes’. El conquistador del Perú, además de soldado, era evidentemente un alma romántica, como lo eran la mayoría de sus compañeros de armas. Se dice que alternaban sus incursiones en busca de oro indio con periodos de melancolía amorosa. Entonces cantaban tiernas canciones de amor y suspiraban bajo los balcones donde se sentaban sus damas de ojos oscuros. Y sus amadas, a su vez, sostenían rosas rojas entre sus dientes perlinos y dirigían miradas tristes a sus románticos amantes, al tiempo que fruncían el ceño ante sus dueñas (chaperonas). Tenían un carácter firme estas damas de antaño. Rompieron los corazones de más de un valiente don que, poco antes, tal vez había roto su espada en un cráneo indio.

El nombre poético dado por Pizarro, ‘Ciudad de los Reyes’, se aplicó generalmente a Lima durante varios años; pero finalmente cayó en desuso y fue reemplazado por el nombre actual de la ciudad: Lima, una derivación de Rímac, el río que la atraviesa.

Lima cuenta con una población de unos 150,000 habitantes. Es la ciudad más grande y próspera del Perú, el corazón y cerebro combinados de la República. Sus calles son estrechas, sus casas rara vez tienen más de dos pisos de altura, construidas con frecuencia con cañas enlucidas con barro. La práctica de construir casas con cañas y barro no se sigue por elección, sino por necesidad, ya que los frecuentes terremotos en Lima hacen casi impracticable cualquier casa de estructura sólida. En caso de un terremoto, los restos de las frágiles casas pueden retirarse fácilmente y construirse otras nuevas de tipo similar con menos gastos de los que se incurriría en la construcción o reconstrucción de una casa de piedra, ladrillo o madera.

El Corazón de Lima

Así como Lima es el corazón del Perú, la Plaza de Armas es el corazón de Lima. En casi todas las ciudades o pueblos de habla hispana, la plaza es el centro de interés para la población. Las celebraciones públicas se llevan a cabo en la plaza; la gente pasea allí por las tardes y en los días festivos. Lima no podría arreglárselas sin su Plaza de Armas al igual que Boston sin su Commons, París sin sus Campos Elíseos o Washington sin su Parque del Potomac. La Plaza de Armas es una institución y una tradición en la capital peruana. Alrededor de la Plaza hay una serie de edificios cuyo pasado está lleno de recuerdos de la historia del Perú (Bureau of Navigation, 1921).

Uno de los edificios más destacados, la Catedral, alberga lo que se dice es el cuerpo momificado de Pizarro. Aparte de su interés como lugar de descanso del aventurero español, la Catedral, con su fachada morisca y sus torres, sus pequeñas capillas y sillerías del coro, su aire de tranquila dignidad eclesiástica, es atractiva en sí misma. Los restos de Pizarro se encuentran en una urna de cristal, reposando en una de las capillas interiores de la Catedral. Fue Pizarro quien fundó la Catedral en 1540, en uno de esos piadosos momentos que interrumpían sus orgías de derramamiento de sangre y saqueo. La catedral original, desmoronada por el paso de los años, ha sido reconstruida en gran parte por las generaciones sucesivas de peruanos.

Una losa de mármol en el pavimento de la arquería que da a los edificios de gobierno en la esquina opuesta de la Plaza de Armas señala el lugar donde Pizarro fue asesinado por sus enemigos. La tradición dice que Pizarro, mientras yacía en el suelo sobre un charco de su propia sangre, mojó sus dedos en el líquido arterial e hizo una cruz carmesí mientras su vida se le escapaba por la garganta. En el momento de su muerte, como durante su vida, parecía estar fascinado por la visión de la sangre.

Desde el balcón del palacio municipal, también en la Plaza de Armas, el general San Martín proclamó el mensaje que marcaba el fin del dominio español en el Perú. Una antigua capilla en la Plaza es la única parte que se conserva del palacio virreinal, cuyas decoraciones moriscas, hace cientos de años, eran el orgullo de Lima. Hay otras plazas en Lima además de la Plaza de Armas; hay otras iglesias en la capital peruana además de la Catedral. La Plaza de Acho, al norte del río Rímac, alberga la plaza de toros donde los matadores peruanos practican el deporte nacional de España. La Plaza de Bolívar, que contiene una estatua de Bolívar el Libertador, es una tercera plaza en Lima. Hay varios paseos espaciosos, sombreados por grandes árboles y adornados con estatuas de generales y estadistas peruanos.

Hoteles y Teatros

Los principales hoteles y teatros de Lima, típicamente sudamericanos, se enumeran a continuación (Bureau of Navigation, 1921):

• Hotel Maury: Calle Bodegones 99, 30 suites en el edificio principal y 30 suites en el anexo; tarifas por habitación y comidas desde $3 al día en adelante.

• Hotel Francia: Inglaterra y Plaza de Armas, 100 habitaciones.

• Gran Hotel: Calle Melchormalo, 65 habitaciones; tarifas usualmente de $1 a $3.50 por habitaciones sin comida; con comidas, de $3 a $5 al día.

Teatros: Teatro Chino (Cangallo 37); Teatro Olimpo (Ica 1a); Teatro Politeama (Lampa 250); Teatro Municipal (Plaza del Teatro); Empresa del Cinema Teatro; Empresa Internacional Cinematográfica; así como el nuevo Teatro Forero. Los estadounidenses en Lima tienen un nombre muy corto para ‘cinematográfica’: le dicen ‘movie’.

Moros e Indios

Lima resulta decepcionante para muchos viajeros que se dirigen a la ciudad con la convicción de que están a punto de ver algo completamente maravilloso, hermoso y fascinante. Pero no es culpa de Lima; más bien es culpa del viajero. El proverbio ‘la distancia añade encanto’ es cierto para Lima, al igual que lo es para Atenas, Roma, Londres o Washington. Aunque Lima decepciona al viajero que espera demasiado, resulta del todo satisfactoria para el visitante que llega sin construir castillos en el aire imposibles. El visitante en Lima debe esperar ver tanta sordidez y vulgaridad como en cualquier otra ciudad. Debe esperar ser molestado por el calor o por el aire frío y húmedo, las nieblas y las nubes bajas que cuelgan a veces sobre la capital peruana. Pese a todo, Lima tiene color, personalidad y una variedad de razas cuya observación en las plazas compensa cualquier falta de belleza arquitectónica (Bureau of Navigation, 1921).

Los indios de Lima son más pintorescos que otros limeños; conservan lo suficiente de lo primitivo en costumbres y vestimenta para atraer la atención. De color castaño rojizo, llevan ponchos nacionales, polleras de colores vivos (azul, verde, rojo, amarillo, violeta) y sombreros de ala ancha. Los hombres usan ponchos, pantalones de tonos intensos y chullos o gorros ajustados bajo el sombrero. Existen también poblaciones de negros, zambos y mestizos. La aristocracia de Lima y el Callao se compone principalmente de familias de ascendencia castellana que han conservado su linaje desde la época de los conquistadores.

La Costa Desértica

Una de las anomalías del Perú es que su costa desértica proporciona el medio por el cual se pueden hacer crecer cultivos en tierras empobrecidas de otros países: el guano. Depositado en las islas y acantilados por generaciones de aves marinas (cormoranes, piqueros, pelícanos), la ausencia de lluvias ha permitido su acumulación sin que se lave. Entre 1850 y 1870 se extrajeron diez millones de toneladas de guano. En 1908, el Gobierno peruano cerró las Islas Chincha para iniciar una política de conservación y explotación sostenible que continúa vigentes (Bureau of Navigation, 1921).

Relatos del Perú Antiguo

Muchos relatos del Perú antiguo son relatados por la población. Uno de ellos, respaldado por James Bryce, narra la historia de una joven noble que ingresó al convento de Nuestra Señora de los Dolores. Tras enamorarse de un médico escocés que atendía a la abadesa, idearon un plan de fuga colocando un esqueleto de hospital en su celda y prendiéndole fuego para simular su muerte. Tras obtener el perdón de su tío el obispo, quien le entregó las esmeraldas de la familia, la pareja huyó a Inglaterra a bordo de una fragata británica (Bureau of Navigation, 1921).

Otro relato ilustra la crueldad de los conquistadores hacia los nativos: la ejecución del joven inca Túpac Amaru. A pesar del clamor popular y los ruegos de piedad de los sacerdotes, el gobernador ordenó su decapitación. A medianoche, miles de indios se arrodillaron en silencio alrededor de la pica que sostenía la cabeza del último inca para rendirle homenaje (Bureau of Navigation, 1921).

Referencias

Bureau of Navigation, U.S. Navy Department. (1921). Callao-Lima: Ditty Box Guide Book Series. Government Printing Office.

Aporte: El Callao que se nos fue.

Administrador: Ricardo Gonzales Zapata.

Octubre 18 del 2026.

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