Desaparecido E Historico Hospital Guadalupe – Callao 1915
DESAPARECIDO E HISTORICO HOSPITAL GUADALUPE – CALLAO 1915
LA FIESTA DE HOY—
Esta tarde se celebrará una interesante fiesta en el hospital, de Guadalupe, con la que la Sociedad de Beneficencia Pública de esta provincia, a cuyo cargo corre la administración de ese establecimiento, ha querido solemnizar el aniversario de su fundación, hace medio siglo, y rendir público homenaje de reconocimiento a su superiora, Sor Teresa, que cuenta el mismo número de años al servicio de ese hospital.
Es, pues, una fiesta doblemente simpática, que aúna la legítima satisfacción de haber sabido conservar, -y mejorar notablemente, la obra de quienes lograron con sus esfuerzos la fundación de esa casa de caridad entre nosotros y el deber de realzar la meritoria labor de la anciana que ha consagrado la mayor parte de su vida, a través de todas nuestras vicisitudes, al cuidado de esa misma casa y a la atención que demandaran los millares de enfermos que han desfilado por sus salas, mitigando quién sabe cuántos dolores, enjugando quién sabe cuántas lágrimas.
EL ANTIGUO HOSPITAL-
Hasta 1865, la ciudad del Callao sólo contaba con los servicios de un hospital, deficientísimo por su corta extensión y escasez de recursos, ubicado en la calle de Guadalupe, hoy Bolívar, en el, lugar que actualmente ocupa la capilla de Guadalupe.
La situación de este hospital, en el corazón de la ciudad, que lo hacía peligroso para la salud pública, y la necesidad, cada vez más imperiosa, de ampliar sus servicios a medida que la población iba en aumento, fue objeto de preocupación constante para las Juntas de beneficencias, —como, se las denominó al principio,— que vinieron sucediéndose hasta el año 1854. Pero, si bien existía una gran dosis de voluntad en los hombres de aquella época, se carecía, en cambio, de los medios necesarios para acometer tan costosísima empresa, siendo entonces muy escasas las rentas de que disfrutaba la Beneficencia.
LA INICIATIVA DEL NUEVO HOSPITAL—
Corría el mes de mayo de 1855, cuando el miembro de la Sociedad de Beneficencia don A. de la Roca presentó a la consideración de sus consocios un proyecto para la construcción del nuevo, hospital.
Proponía, en dicho proyecto la venta de los terrenas denominados “Chacaritas”, con una extensión de 110,000 varas cuadradas, dedicando su producto a construir, un hospital para hombres y mujeres, en el área señalada para cementerio y ya cercada, que hoy ocupa ese establecimiento, con una extensión de 7,560 varas cuadradas; calculándose el valor total de la obra en 60,000 pesos.
Este proyecto fue tomado en consideración por la Sociedad, discutido y aprobado por la junta general, y elevado al Gobierno, que lo sancionó por Resolución Suprema de 25 de febrero de 1857.
Transcurrieron, sin embargo, cinco años, sin que se pudiera dar comienzo a esta importante obra por falta de fondos para realizarla, ya sea por no haberse logrado, vender los terrenos de las “Chacaritas”, de cuya enajenación no hemos encontrado constancia en los escasos documentos que nos ha sido posible revisar, o bien por otras causas que ignoramos.
LA EJECUCION DEL PROYECTO-
Fue en 1863, siendo director de la Beneficencia don Joaquín Soroa Goméz (1), cuando se emprendió el vigoroso esfuerzo de hacer práctica la idea del nuevo hospital.
Para iniciar la obra se tropezó con el grave inconveniente de existir grandes desniveles en el terreno y hallarse éste completamente cubierto de lastre, haciéndose difícil nivelarlo sin un fuerte desembolso que la beneficencia no estaba en condiciones de satisfacer.
Pero esta dificultad fue salvada por una autoridad política evidentemente progresista, cuya simiente parece no haber dado frutos a juzgar por lo que hacen en nuestros días las autoridades en casi todas nuestras circunscripciones territoriales. El prefecto de la provincia general don José Miguel Medina, estableció los trabajos de nivelación el 18 de enero, con los presidiarios que había disponibles y con ellos continuo la obra, impulsándola con su presencia, hasta el 24 de julio, en que concluyó dicha nivelación en lo interior y exterior, que, por cierto, parecía obra de romanos.
Reunida entonces la junta general de la Beneficencia se nombró una comisión compuesta de los señores Flores Guerra, Juan Ramón Aguirre y José Manuel Pérez, a fin de arbitrarse los recursos necesarios para la obra, “sin perjuicio de ocurrir a la caridad pública pidiendo una suscripción de dinero y materiales”.
Al mismo tiempo se hicieron gestiones privadas acerca del gobierno, para conseguir que atendiera con un subsidio la realización de esta importante obra de utilidad pública, gestiones que deben atribuirse al prefecto general Medina, factor principal, como se ve, en la construcción del hospital de Guadalupe, y que dieron los mejores resultados.
Los señores de la comisión lograron reunir apenas 1,100 pesos, resaltado que, debemos suponer, produciría en su ánimo el más grande desaliento, ya que con suma relativamente tan insignificante no era posible pensar siquiera en construir los cimientos del nuevo edificio.
Pero, felizmente, las gestiones cerca del gobierno habían dado óptimos frutos, y aparecía entonces el nuevo presupuesto general de la nación en el cual se votaba la suma de 6o,ooo pesos para la construcción del hospital, suma que debía ser entregada a la Beneficencia por mensualidades de 2,500 pesos cada mes.
Inmediatamente era convocada a sesión la junta general de la sociedad, a solicitud del mismo general Medina, y reunida ésta el 8 de agosto, se acordó principiar los trabajos sin pérdida de tiempo. En la misma sesión se aumentó el personal de la comisión anterior, con los señores Cosme de Ugarte, Agustín Ampuero y Velásquez e Isidoro Montes; nombrándose tesorero-administrador al señor Ugarte y director de la obra al arquitecto don José Ugarte.
LA PRIMERA PIEDRA
Se colocó solemnemente la primera piedra del hospital de Guadalupe el 10 de Noviembre de 1863, con asistencia del Ministro de Gobierno, el prefecto general Medina, las demás autoridades locales, los socios de la Beneficencia y corporaciones de la provincia.
La obra se continuó hasta principios de 1865, época en que se agotaron los recursos proporcionados por el gobierno y fue necesario paralizarla. Se formuló entonces un presupuesto para la conclusión de la obra, que ascendió a 30,298 pesos y 7 reales, los que se solicitaron del gobierno. Este, bien inspirado aceptó la petición y dispuso, en acuerdo del 7 de julio del mismo año, que le fueran entregado a la Beneficencia dichos 30, 298 pesos y 7 reales en esta forma: 10,000 al contado y en mensualidades de 2,500 pesos el resto. “Con este auxilio —dice la memoria del director señor Soroa, correspondiente a este año— se terminó el establecimiento hasta el estado de poderse poner en uso."
LAS PRIMERAS HERMANAS DE CARIDAD
Ya antes, la junta general de la Beneficencia había acordado contratar los servicios de diez hermanas de caridad para el nuevo hospital; contrato que fue aprobado por el gobierno, procediéndose a hacerlas venir de Francia inmediatamente. Las hermanas, con excepción de Sor Teresa que ya estaba en Lima, llegaron a este puerto el 18 de octubre de 1865 y se constituyeron en ese establecimiento el 13 de noviembre, para atender a su organización interior.
Fueron éstas, por sus nombres profanos, Sor Leocadia Laquevre (primera superiora), Carolina Francisca Manclair, Mara Portail, María Teresa Campagnon, Juana Marcelina Claverie (Sor Teresa), Silvina Emilia Juana Payran. María Watter, Rosalía Gimard, Justina Francisca Amelia Ébroussard, Rosa María Roussel.
LAS PRIMERAS SALAS Y LOS PRIMEROS MEDICOS
Las primeras salas expeditas al efectuarse la inauguración del hospital, fueron las siguientes: Para hombres: San Juan, con 44 camas; San Antonio, con 45 camas. Para mujeres: Santa María, con 25 o 30 camas; Santa Rosa, con 15 o 20 camas.
El hospital de Guadalupe fue mixto hasta el 5 de agosto de 1876, fecha en la cual, habiendo quedado expedito el hospital de San Juan de Dios de Bellavista, fueron trasladadas a este las mujeres que se asistían en el primero.
Los médicos con que contaba el hospital de Guadalupe al ser inaugurado, eran tres: el doctor Dodero, de nacionalidad italiana, de quien se conservan muy gratos recuerdos y que falleció en su país: el doctor Castañeda, peruano fallecido hace muchos años; y el doctor Arnaix peruano también, que sobrevivió a los anteriores y falleció en este puerto en 1907.
LA INAUGURACION
Hallándose ya completamente preparado el nuevo hospital y provisto del mobiliario y demás enseres necesarios para recibir a los enfermos, el Director de la Beneficencia señor Joaquín Soroa dirigió al Prefecto y Comandante General de la Provincia, general de brigada don Ramón Vargas Machuca, que había sucedido al general Medina el siguiente oficio:
República Peruana.— Dirección de Beneficencia.— Callao, 23 de noviembre de 1865.— Señor General Prefecto de esta Provincia.— S, G.— Tengo la satisfacción de poner en conocimiento de US., que el nuevo hospital se encuentra expedito para inaugurarse el próximo domingo 16 del mes corriente.— La Junta Directiva espera qué US., se sirva disponer lo conveniente para ese día; y en su nombre pido a US. se digne invitar a S. E. el Presidente de la República a que solemnice el acto con su asistencia.– La inauguración de este nuevo edificio, dedicado a la caridad pública, es un acontecimiento en el Callao, y esta circunstancia lo hacen digno de que el Supremo Mandatario se apersone en el día de su estreno.— Me felicito señor Prefecto de dirigir á US- una nota, cuyo objeto es satisfactorio; y espero, como ya he dicho que se sirva disponer lo conveniente para el indicado día –Dios guarde a US.—(firmado) J. Soroa.
Al pie del original de esta comunicación, que hemos tenido a la vista, – se lee la siguiente anotación:
“Callao-, noviembre 23 da 1855.— Contéstese que la inauguración del nuevo hospital tendrá lugar el día 9 del mes próximo en que se celebra el aniversario de la batalla de Ayacucho.”- Una rúbrica.
Como puede verse, en esta nota se fija el día 9, por ser una fecha memorable para nuestra nacionalidad, pero, según la memoria del señor Soroa, en la que da cuenta a la Beneficencia de la inauguración, ésta se realizó el día 8, tal vez por ser día feriado o por circunstancias o acuerdos que la estrechez del tiempo no nos ha permitido investigar.
Apadrinó la ceremonia el Jefe Supremo Provisorio de la República coronel don Mariano I. Prado, quien resolvió que el hospital debía continuar con el nombre de Guadalupe, que tuvo anteriormente; concurriendo también a este acto los miembros del gobierno, las autoridades locales, los socios de Beneficencia y gran concurso de vecinos del lugar.
SOR TERESA
La Madre Superiora del hospital, de Guadalupe, Sor Teresa (Juana, Marcelina Claverie), a quien hoy se ofrece el homenaje de colocar su retrato en la oficina de la Inspección, considerándola justicieramente como fundadora de ese establecimiento, cuenta 86 años de edad y nació en Huante-Rive, Francia.
Llegó al Perú el 10 de Febrero de 1858, formando parte de un grupo de 48 hermanas de caridad que vinieron para ingresar a nuestros hospitales y de las cuales sólo sobreviven Sor Teresa, Sor Marta, superioria del hospital de Bellavista, Sor Teresa, superioria del hospital de San Bartolomé en Lima y Sor Ana, superiora del hospital de Santa Ana, también de esa capital.
Sor Teresa ingresó al hospital de alienados de San Andrés, en Lima, permaneciendo en él hasta el 13 de noviembre de 1865, fecha en que ingresó al hospital de Guadalupe, al fundarse este establecimiento, bajo la dirección de la superiora Sor Leocadia Laquevre, que posteriormente se dirigió a Chile, donde falleció, siendo reemplazada por Sor Estefanía, fallecida también, cuando había trasladado su residencia a Bolivia.
En 1870, al establecerse la escuela anexa al hospital de Guadalupe, que hasta ahora existe. Sor Teresa fue nombrada directora de ese plantel; cargo que desempeñó hasta el año 1880 en que, a consecuencia de la guerra con Chile, fue clausurado el hospital de Guadalupe, pasando al de Bellavista, no sin antes haber puesto en salvo cuanto había de valor y podía ser llevado por los invasores.
Restablecido el servicio del hospital de Guadalupe Sor Teresa fue nombrada superiora en 1883, (habiendo desempeñado ese cargo sin interrupción alguna durante los 32 años transcurridos, prestando importantes servicios a la sociedad de Beneficencia y a las clases desvalidas.
LA CEREMONIA DE ESTA TARDE
El actual inspector del hospital de Guadalupe, doctor don Armando Holguin, no ha querido pasar inadvertida esta fecha, en la que se vence medio siglo de la fundación de ese establecimiento y cumple igual número de años al servicio del mismo la madre superiora Sor Teresa.
Al efecto ha organizado una sencilla fiesta que se realizará en el mismo local y cuyos números principales son los siguientes:
A las 2 y 30, Colocación del retrato de Sor Teresa en el salón dé la Inspección.
A las 3 p. m., distribución de galletas y cigarrillos a los enfermos y tarjetas conmemorativas, por las niñas de los colegios que dirigen las señoritas Albina Palacio y Rafaela Bozano.
Inauguración de la sala de curaciones de San Luis, apadrinando este acto el doctor Neptalí Chávarri y la señora Carolina L. de Roe.
La fiesta será amenizada por la orquesta de los alumnos del Colegio Salesiano.
Publicación del Diario La Crónica del 8 de diciembre de 1915.
Biblioteca del Congreso de la Republica.
Nota de la página:
(1)-Joaquín Soroa Gómez fue un destacado personaje histórico del Callao, aunque su rol como director o presidente de la Beneficencia Pública del Callao y sus principales obras públicas se desarrollaron principalmente a partir de 1859 y en la década de 1860, en un contexto en el que el puerto cobró gran relevancia política.
Aporte: El Callao que se nos fue.
Administrador: Ricardo Gonzales Zapata.
Octubre 23 del 2026.
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